|
El gobierno del presidente electo Mauricio Funes: La consolidación de la democracia salvadoreña. Conferencia de Arturo J. Cruz, Profesor Pleno del INCAE, en la celebración del 30 aniversario de SETTESSA, San Salvador, El Salvador, 21 mayo 2009.
1. Todavía a mediado de la década de los ochenta del siglo pasado teníamos una suerte de consenso sobre lo que significaba el socialismo.
Una revolución triunfante, o un partido de izquierda en el poder, al menos teóricamente, sabía lo que quería cambiar y darle respuesta (aunque fuese una mala respuesta), a la famosa pregunta de Lenin sobre lo que hay que hacer.
Los socialistas de entonces creían en la anarquía de la economía de mercado, propensa al desperdicio de recursos, a la concentración de los medios de producción, al empobrecimiento generalizado de la población y a crisis crónicas de sobreproducción.
Entre ellos no había dudas sobre las ventajas del “excedente socializado” puesto que ofrecía la garantía de inversión racional más consumo social. Y la discusión más bien giraba alrededor de la Transición Socialista, y los espacios tácticos que había que ofrecerle a la iniciativa de los privados. El debate sobre la Nueva Política Económica y la producción agrícola en la URSS de 1921, servía de ejemplo para estas discusiones. Aunque durante la Transición Socialista nunca estuvo en duda el control estatal de lo que Lenin llamó las Alturas Dominantes, es decir, la banca, el comercio exterior, la infraestructura crítica, y las industrias estratégicas.
Ante las grandes deficiencias del socialismo real -- la teoría puesta en práctica -- se elaboró un amplísimo cuerpo teórico que justificaba estas deficiencias como inevitables en la difícil transición de un modo de producción a otro. ¿Acaso para construir un nuevo edificio social no se debe primero destruir el viejo con todos los trastornos que esto significa?
Y los abusos de poder, los crímenes cometidos por los partidos de vanguardia en el ejercicio del centralismo democrático, los intelectuales orgánicos de la transición se lo atribuían a la “mala suerte”, es decir, si sólo Lenin no se hubiese enfermado de gravedad, o si en vez del georgiano de Stalin, Trotsky o Bujarin, hubiesen asumido el poder en la URSS. Algunos llegaron al extremo de culpar de lo dicho al carácter nacional de los rusos y posteriormente al de los chinos, al “despotismo oriental”. Las deficiencias también se le atribuyeron a que la revolución no ocurrió donde estaba supuesta a ocurrir. En vez de los países industrializados, la gran revolución triunfo en la periferia europea, enfrentándose a una doble tarea: el desarrollo de las fuerzas productivas y la construcción del socialismo.
Con el tiempo, en las páginas del Monthly Review, entre otras publicaciones, surgió la tesis de que si bien es cierto en la URSS no se podía hablar de socialismo, al menos se habían modificado sustancialmente las relaciones de propiedad de tal manera, que la Ley del Valor, la esencia de todos los males incluyendo la del imperialismo económico, había quedado suspendida, por lo cual, “objetivamente”, la URSS debía ser defendida por las fuerzas progresistas de la humanidad entera. Más aún, la superioridad de la planeación central sobre la anarquía de mercado, había quedado demostrada con la trasformación de la Rusia campesina en una potencia industrial y militar, sin cuyo musculo, la Cuba socialista a 90 millas de los Estados Unidos, no hubiese sobrevivido.
2. Si algo caracterizó a la mayor parte del Siglo XX, fue la lucha ideológica entre sistemas, es decir, sobre cual modo económico y político ofrecía “más igualdad”, “más libertad”, o bien, mayores posibilidades de consumo de un tipo de productos versus otro tipo. Pero para finales de la década de los ochenta del siglo pasado, la URSS, el modelo a seguir de la mayoría de los socialistas (a pesar de las múltiples reservas que podía existir con el mismo), entró en lo que resultó ser su crisis final.
Como lo demostró Kornai en su obra El sistema socialista: La economía política del comunismo publicado en 1992 por la Universidad de Princeton, entre 1928 y 1940, la URSS creció a un promedio de 6,5%, sus mejores años, con una inversión como proporción del producto entre 26 y 28 por ciento. Para 1961-1970, con la misma proporción de inversión, el crecimiento disminuyó a 4,9%, y entre 1971/1980, con 30,0% del producto asignado a la inversión, el crecimiento promedio fue de 2,6%, y entre 1981/1988, una vez más, con 30,0% del producto asignado a la inversión, el crecimiento promedio según cifras oficiales fue apenas del 2,0%. Es decir, la única manera en que la URSS podía crecer era asignando una cantidad cada vez mayor de insumos para la producción (puro volumen y fuerza bruta), mostrando poca capacidad para la innovación (salvo en la industria militar donde tenían competencia) y para mejorar los índices de productividad. A finales de los ochenta, la URSS pretendía crecer con tasas de ahorro forzadas, tal como lo había hecho décadas atrás, en los tiempos de Stalin.
Por su parte, China Continental, cuya economía desde la muerte de Mao descansa en gran medida en la iniciativa de los privados, aunque mantiene el aparato político y los órganos coercitivos propios del socialismo real, entre 1978 y el 2007 registró un crecimiento promedio del 9,9%, por encima del promedio de los mejores 30 años de Japón del 8,0%. Y lo logro con mejoras sustanciales en la productividad total de factores (capital y mano de obra combinado), registrando un promedio anual de 3,0%, lo que facilita el crecimiento económico sostenido y niveles mayores de consumo para su población. La pregunta central de China Continental es el momento en que sus pobladores darán el salto de consumidores a ciudadanos, y si este salto será ordenado, sin la crisis de brecha política de Samuel Huntington.
La propia Cuba de Castro, ante las cifras en 1992 de - 29,5% del producto, como la diferencia entre los flujos de las empresas estatales al presupuesto y del presupuesto a las empresas estatales, sin el apoyo soviético que le diese sostén a este déficit, se ve obligada en 1994 de cerrar el 70,0% de las empresas estatales que registraban perdidas e inicia un proceso de liberalización económica lleno de tropiezos y desvíos (precisamente por el miedo a la liberalización política que lo dicho acarrea inevitablemente), el cual sin embargo continúa y esta a la expectativa de que la sucesión cubana se termine de consumar.
3. Todo este repaso para concluir que desde mediado de los noventa del siglo pasado, ya no sabíamos con certeza plena que significaba ser socialista, y que la respuesta a la pregunta de Lenin sobre el qué hacer, ya no era tan obvia. Es durante estos años que surgen los teóricos de New Labor en Inglaterra, reafirmando lo que en esencia es la Social Democracia clásica (las reformas se dan principalmente por el lado de la distribución y no de la producción), y es cuando se elabora un primer esbozo en América Latina de lo que podemos llamar izquierda light o nueva izquierda.
Con la concurrencia de los del Partido de los Trabajadores de Brasil, el PRD de México, los socialistas chilenos, el FREPASO de Argentina, entre otros, se reunieron a discutir el documento Después del neoliberalismo: Un nuevo camino, presentado por Jorge Castañeda, Cuauhtémoc Cárdenas, Ricardo Lagos y Carlos Ominami, un documento que a pesar de su titulo, se inicia con una aclaración: “No queremos regresar al nacionalismo populista ni a la estrategia semi autárquica de la sustitución de importaciones que terminan fácilmente protegiendo la ineficiencia de los oligopolios autóctonos. Tampoco queremos regresar a las finanzas públicas inflacionarias de otras épocas”.
¿Qué querían entonces? ¿Cómo se diferenciaban de la vieja izquierda y del neoliberalismo?
Ente su menú de propuestas, estaba la de gobiernos locales eficientes capaces de recoger la basura. Reformas de segunda generación que garanticen bancos centrales autónomos, así como superintendencias de bancos y de fondos de retiro, abocando por un Estado regulador capaz de promover capitalismo para todos en vez de mercantilismo para pocos, enfatizando en este aspecto privatizaciones de bienes estatales transparentes, sin ceder en los bienes esenciales que siempre le corresponden al Estado proveer. Generar mayor valor agregado en las maquilas, así como políticas sectoriales, y paridades competitivas aunque esto “entrañe la necesidad de convivir con tasas inflacionarias más elevadas pero manejables”.
Por lo dicho, resulta evidente que la izquierda light latinoamericana no se logró diferenciar lo suficiente del neoliberalismo, aún con su última propuesta de un trade off más favorable al empleo que a la estabilidad de precios. Y dejo un vacío para la izquierda más ortodoxa que pretende llenar el Socialismo del Siglo XXI de Hugo Chávez en Venezuela, una pretensión, la cual, al menos conceptualmente, deja mucho que desear, tal como queda evidente en el párrafo a continuación: “La Agenda Alternativa Bolivariana rompe con el fundamentalismo neoliberal, para mirar en derredor y percibir la realidad en toda su magnitud, a través de un enfoque humanístico, integral, holístico, ecológico”.
4. Si algo caracteriza a ES del 2009, para usar la terminología de Antonio Gramsci, es la de un Bloque Histórico sin fracción dominante. Por un siglo la fracción dominante fue la de los grandes cafetaleros, para más recientemente ser sustituida por el capital financiero, quien entró en contradicciones -- como ocurre inevitablemente cuando una fracción desplaza a la otra -- con los intereses agrícolas de la ARENA histórica. La agricultura apenas representa el 11,0% del producto, y los herederos de los cafetaleros de antaño que no han quebrado o urbanizado, son finqueros que sobreviven de las intervenciones del Estado y/o porque se han reinventado como productores conscientes de lo ecológico, utilizando herramientas como la del internet para llegarle de manera más directa a los consumidores del norte. Mientras la banca y los monopolios nacionales, han sido transnacionalizados, y los salvadoreños que vendieron sus activos a la inversión extranjera, si bien es cierto gozan de grandes rentas, no tienen la palanca política de años pasados.
Desde hace tiempo las 14 familias no existen, aunque algunas de ellas siguen siendo económicamente influyentes, cohabitando sin embargo con nuevos capitales, la mayoría de ellos en manufacturas y sobre todo en servicios. ¿Cuántos conglomerados salvadoreños fuertes hay en este país? ¿Los podemos sentar en una cena, o en dos o en tres? ¿Podemos hablar de un cartel empresarial capaz de disciplinar las decisiones políticas de los privados de este país?
El Salvador no es los Estados Unidos al que Madison aspiro, donde debido a la multitud de intereses propios de semejante escala, ni siquiera Rockefeller o Gates fueron capaces en su momento de instrumentalizar el Estado para su beneficio exclusivo. Pero sin dudas El Salvador cada vez tiene un Bloque Histórico más numeroso, diverso y competitivo a la hora de ejercer influencia sobre las instancias públicas.
El FMLN ya no puede identificar con claridad a una fracción dominante en el Bloque Histórico, y la sociedad salvadoreña del 2009, no es la misma de los Acuerdos de Paz. Casi el 70,0% de los hogares salvadoreños son clasificados como no pobres, y el 63,0% de la población es urbana. La definición de clase media (o mejor dicho de sectores medios) es tema de discusión, y los criterios de países de ingresos altos, no deben ser los mismos para países de ingresos medios o bajos.
En el contexto de países emergentes, tal como lo ha argumentado Jorge Castañeda, Francisco Calderón, y los análisis del Economist, los criterios para definir clase media son una “vivienda digna, aunque pequeña; un automóvil; acceso a crédito; el conjunto de bienes duraderos (televisión, refrigerador, lavadora de ropa, computadora, teléfono fijo o celular); vacaciones anuales, por modestas que sean; acceso a salud y educación pública o privada, buena o mediocre, pero que permite una cierta certeza de movilidad social”. Sobre la base de estos criterios, Castañeda concluyó que el 60,0% de los mexicanos son clase media. ¿A cuántos salvadoreños según estos criterios los ubicamos como clase media? Más aún: ¿Qué quieren, a que aspiran? ¿Podemos decir que El Salvador ya es un país donde la clase media es el sector social dominante, en el que prevalecen sus aspiraciones y sus frustraciones?
Las encuestas nos dicen: “conforme mayor sea el nivel educativo del entrevistado, más probable que apoye al FMLN. Los que reportan la situación financiera de sus familias peor que en 2007 también tienen mayor probabilidad de apoyar a esta agrupación”. Se pudiese inferir de lo dicho que la clientela del FMLN es una mezcla de clase media y de pobres. O bien, principalmente de clase media por los niveles educativos y porque sus expectativas siempre estarán por encima de sus posibilidades reales. Soy un convencido que la desigualdad en la distribución del ingreso pesa más que la pobreza, como factor determinante en la militancia política de agrupaciones de izquierda.
En las elecciones de este año, de los 453 mil salvadoreños que votaron por primera vez, se estima que 360 mil votaron por Mauricio Funes, la mayor parte de casi el medio millón de votos que el candidato del FMLN trajo por su cuenta a la mesa electoral. ¿Qué quieren estos nuevos votantes? Si tendríamos que asociarlos con la izquierda light o la “clásica”, ¿con cuál de estos dos polos los asociaríamos? ¿Qué podemos inclusive decir de los 900 mil votos duros del FMLN? ¿Con cuál de los dos polos asociaríamos a la mayoría de estos votos?
Más que un cambio radical en el modo económico, creo que la mayoría abrumadora de los que votaron por Funes/FMLN (para no hablar de los 2,6 millones de votantes) aspiran a un Estado que responda más a sus intereses que a los de los empresarios, y que sea capaz de producir programas sociales que beneficie a los sectores medios y a los más necesitados. El triunfo de Antonio Saca en las elecciones del 2004 fue el triunfo de la clase media (que tomo distancia de la ARENA tecnocrática y empresarial), de la derecha light, dispuesta a cobrar más impuestos e invertir en programas sociales; y el triunfo de Mauricio Funes en el 2009 con un programa de izquierda light, reafirma la hegemonía social de la clase media y de sus aspiraciones. ¿Donde están las diferencias de fondo en los programas de gobierno de los candidatos en contienda en las elecciones presidenciales recién pasadas? Por lo que he visto, era cuestión de quien ofrecía mejor gerencia de los asuntos públicos, o de quien gastaría/invertiría más en los programas sociales inventados por Chile, el Banco Mundial, Lula en Brasil, y reproducidos en El Salvador.
Independientemente de las especulaciones sobre la dureza ideológica de la Troika del FMLN, al menos electoralmente esta dio muestras de flexibilidad (táctica dirían muchos, pero flexibilidad después de todo), optando por un candidato que no es del partido, pero que en el momento de su escogencia gozaba de un neto positivo de 39 puntos (el neto de Handal era de -16 puntos en las elecciones presidenciales del 2004), neto de opinión positiva que Funes conservo casi intacto hasta poco antes de las elecciones cuando este bajo a 37 puntos en la primera semana de marzo. Los históricos del FMLN, reconocieron durante la campaña que el sistema político de El Salvador es presidencialista y en caso de que la fórmula del FMLN ganase, Funes sería el que mandase. También tuvieron la prudencia de mantener con un perfil bajo a sus militantes más radicales, en no atacar gratuitamente a los EEUU (el país al que la mayoría de los salvadoreños lo consideran fundamental para su prosperidad personal), y en insistir que su modelo de sociedad lo representaba el socialismo de Lula en Brasil (distributivo en esencia) y no en Venezuela con Chávez.
¿Será que el FMLN reconoce que no hay modelo exitoso de izquierda ortodoxa/clásica, y que El Salvador es una sociedad de clase media, con sus resentimientos y deseos de cambio, pero con temor a los cambios radicales? En todo caso, ni Funes puede gobernar sin el FMLN ni el FMLN puede gobernar sin Funes. Más aun, tanto el FMLN como Funes necesitan de la concurrencia de los otros miembros de la sociedad política para gobernar con un mínimo de efectividad en estos tiempos de grandes dificultades económicas.
5. Tal como me lo han expresado muchos areneros -- tal vez haciendo de una necesidad una virtud --, el 2009 es el mejor momento para perder y el peor momento para ganar. De lo que si estamos claros es que a un gobierno de izquierda le tocaran medidas de estabilización y acumulación económica, sin estar tan claros si a este mismo gobierno le tocaran las ventajas de la distribución y del consumo. La economía de El Salvador estaba supuesta a crecer este año en 0,8%, supuesto que fue revisado a -0,5%, y según la última revisión, la tasa de crecimiento será de -1,8%, con estimados que ubican la caída hasta en 3 por ciento. Para complicar más las cosas, los espacios fiscales no facilitan medidas anti cíclicas, y se espera un déficit fiscal para este año de - 4,7% del producto.
La estabilidad macroeconómica depende de la decisión del gobierno y de la sociedad en su conjunto, de no acumular obligaciones que abrumen su capacidad de cumplir con estas en el futuro. Si algo los privados estarán observando en los próximos meses, es la capacidad del gobierno entrante de ejercer disciplina fiscal. ¿Podrá el Presidente electo satisfacer expectativas reprimidas de la membrecía sindical de ANDES o SIMETRIS, o al menos convencerlos de que las pospongan? ¿Contará con los recursos para fortalecer la infraestructura social y sus programas como Red Solidaria y los Fondos de Desarrollo Local? La comunidad internacional, los Estados Unidos, la Unión Europea y las instituciones financieras, dentro de las limitaciones que impone la crisis económica mundial, le ofrecerán al presidente electo todo su apoyo; pero es fundamental que los principales medios de comunicación, históricamente asociados con ARENA, así como ARENA y otros partidos inclinados a la derecha, pero sobre todo el propio FMLN junto con los movimientos sociales asociados a este partido, le den al presidente electo suficiente espacio para administrar la gran tensión entre exigencias y posibilidades. Todo parece indicar que Mauricio Funes tendrá que asignar la mayor parte de su tiempo y de su capital político, en este su primer año de gobierno, el año clave para todo gobernante, a la ingeniería financiera para desenredar las cuentas fiscales. Inclusive, algunos anticipan que esta será su tarea principal hasta el 2011.
De lo que se trata en este periodo presidencial es preservar y consolidar el grueso de las reformas de los últimos 20 años, conscientes de que cuando las condiciones lo permitan, la carga tributaria debe ser mayor para fortalecer al Estado como proveedor eficiente de los bienes esenciales públicos; también se trata de consolidar una sociedad política en las que sus principales partidos convergen en una suerte de centro vital, dentro de una lógica que no esté dominada por la polarización y el miedo. Qué maravilla sería para El Salvador, si dentro de unos años el principal reto de este país sea que los votantes no puedan diferenciar con facilidad los programas de gobierno de sus partidos políticos. Y tal vez entonces, con una sociedad política aburrida pero estable, El Salvador encuentre el camino a tasas de crecimiento económico superiores al promedio modesto que ha venido registrando a partir de 1996.
Esto último es de importancia vital para la prosperidad de los salvadoreños y para la consolidación de su democracia. Según Fareed Zakaria, aquellos países en vías de desarrollo que están consolidando sus democracias, son los que fluctúan entre 3 mil y 6 mil USD en PIB per cápita. Esta es la zona económica para consolidar la transición democrática, y El Salvador apenas supera el mínimo para ser parte de esta zona, por lo cual la pregunta que se hicieron Hausmann, Rodrik y Velasco hace unos pocos años para lo que ellos denominaron la “paradoja salvadoreña”, es decir, reformas económicas ejemplares y crecimiento modesto, continúa siendo prioritaria.
6. ¿Cómo se definirá el FMLN dentro de unos años? ¿Cuál será la identidad de ARENA, continuarán sus militantes cantando el mismo himno? ¿Tiene ARENA suficiente espacio para cuatro ex presidentes y diferentes corrientes? ¿Dónde se ubicarán tanta gente valiosa como Joaquín Villalobos, Facundo Guardado, Germán Cienfuegos, Salvador Samayoa, Ana Guadalupe Martínez? ¿Habrá nuevos partidos con relevancia electoral? ¿Cuál será la función de los principales medios de comunicación? Y la pregunta que tiene nervioso a todo el país: ¿Cómo será la relación Funes/FMLN?
Tal como nos advierte Forrest Colburn en su ensayo reciente Elecciones y cambio en El Salvador, ya no hay un blueprint que oriente a la izquierda para realizar cambios radicales en el modo de producción, y sin dudas, la sociedad salvadoreña como lo hemos enfatizado en esta presentación no es la misma de hace 20 años, no solamente en lo que es el Bloque Histórico, sino que también en su cuerpo social, en el que dominan los sectores medios más identificados con la derecha y la izquierda light. Las observaciones de Madison sobre la importancia de la escala y de la multitud de intereses para que el Estado liberal tenga autonomía de estos intereses y por lo tanto funcione como un árbitro neutro en la armonización de los mismos, creo que empieza, mutatis mutandi, aplicar a la realidad salvadoreña, conclusión que reconozco es tentativa, pero que no está fuera de la realidad.
El día de las elecciones presidenciales los salvadoreños tuvieron razones de sobra para sentirse orgullosos y optimistas con el futuro. En una elección que se decidió dentro del margen de error de la mayoría de las encuestas, el Tribunal Electoral con un gran profesionalismo mantuvo informado a los salvadoreños de los resultados, adquiriendo en el proceso la credibilidad que la mayoría de los salvadoreños le han negado en los sondeos de opinión pública. Y finalmente el reconocimiento la noche de las elecciones del Presidente Saca y de los otros tres ex presidentes de los últimos 20 años, todos ellos areneros, de la victoria electoral del otro, el candidato de un partido cuyo origen fue la guerrilla armada, y que en momentos difíciles de la historia de El Salvador, ambas organizaciones pretendía borrar del mapa a la otra. Extraordinario, ¿no? ¿Qué estarán diciendo D’Aubuisson y Handal en el más allá?
|